miércoles, 27 de agosto de 2014
El Foro Mundial de Gobernanza de Internet y sus países sedes: ¿pasan la prueba?
miércoles, 13 de agosto de 2014
Las TIC en Venezuela: ¿mirándonos el ombligo?
jueves, 18 de febrero de 2010
Cuando los demás vienen, nosotros vamos

(Me perdonan tanta seriedad iNAPropiada)
El NAP (Network Access Point o punto de acceso a Internet) no es una preocupación nueva. Cuando hace un poco más de una década, aún a esa tostada llamada Internet no se le veía mucho queso, un grupo de académicos en Venezuela empezó a advertir que era necesario establecer un punto único para solventar problemas económicos y técnicos en el flujo de datos que circulaba por la red en América Latina.
Durante este período casi todos los países de la región lograron poner de acuerdo a los involucrados en el mercado del sector de las telecomunicaciones, lo que significó una madurez para alcanzar objetivos comunes en el marco de libre competencia. Menos Venezuela, entre otras cosas, por el peso que significaba CANTV en la negociación, antes privada, y luego (nuevamente) del Estado.
Después de dos intentos históricos infructuosos, y cuando ya el NAP no es una preocupación para nadie, entre otras cosas porque la tendencia a la baja en los precios internacionales de conexión han ido solventando las antiguas preocupaciones, en Venezuela empieza a sonar el tema con insistencia, gracias a una política oficial que promueve una idea de soberanía, como si se tratara de descubrir el tema.
El NAP es propuesto más recientemente en Venezuela por un Estado que asume claramente el manejo de la información dentro de ámbitos estratégicos y de seguridad nacional. El Plan Nacional de Telecomunicaciones, Informática y Servicios Postales 2007-2013 (aunque ya no debe estar vigente por la eliminación reciente y sorpresiva del ministerio que lo acogía) incluía entre sus cinco Líneas Generales la de Soberanía e independencia tecnológica, con un objetivo claro: “Maximizar el tráfico (voz, datos y video) local y regional dentro del territorio nacional (NAP)”, minimizando así “el riesgo para la soberanía e independencia, así como los costos derivados de la actual necesidad de ‘enrrutar’ (sic) el tráfico nacional y regional de voz, datos y video hacia la red (WWW) a través de nodos dependientes o regulados por países afines al poder hegemónico actual”.
Esta idea es coherente con lo que se lee en un borrador que no quiso ser reconocido por el sector oficial, pero que circuló hace más de un año como un nuevo proyecto de
“El Ejecutivo Nacional creará un punto de interconexión o punto de acceso a la red de los proveedores de servicios de internet, con la finalidad de manejar el tráfico con origen y destino en el espacio geográfico de
- - El NAP fue un proceso de acuerdo entre los actores del mercado de diversos países, en los que en algunos casos el Estado participó como mediador entre las posibles diferencias, con la idea de garantizar solvencia en la negociación en beneficio de la sociedad.
- - El NAP constituyó un proceso de madurez para regular las dificultades, más económicas que políticas, del uso de Internet.
- - Los procesos de negociación de un NAP se realizaron en contextos en los que, pese a todos los problemas de América Latina encima, existía confianza en las relaciones y en donde no latía la amenaza de control de la información por parte del Estado (sólo tenía que lidiarse con la amenaza de control de los medios privados, que ya era bastante).
- - En varios artículos del borrador de Proyecto de Ley, discutido hace poco más de un año, se le da potestad al Estado para dictar políticas o regulaciones según consideraciones del ente rector (Ministerio) y exigir a los Proveedores del Servicio de Internet (ISP) modificaciones propias de administración de tráfico, en función de cualquier beneficio social. De ser así, ese beneficio social, con el que en teoría la mayoría de los venezolanos podría inclinarse, se diluye en una ambigüedad teñida por posibles intereses del proyecto político oficial, con el cual la mitad de la población de participantes en los últimos procesos electorales, ha manifestado estar en desacuerdo.
- - La emergencia de nuevas tecnologías, combinación de servicios y baja en los precios internacionales de conexión dejan atrás las preocupaciones económicas que movilizaron inicialmente el NAP, lo que hace que a estas alturas pierdan vigencia los primeros términos económicos. Y ahora podrían surgir otros que, en nombre de la soberanía, ahoguen nuevas opciones para hacer verdaderamente plural la agenda temática del país, frente al riesgo hegemónico de medios privados, ahora añadiéndole el del Estado.
Pueden revisarse fechas, precisiones y detalles sobre lo que es un NAP en:
Investigación realizada para APC: “Venezuela: NAP: ¿oportunidad para mejorar el acceso universal de banda ancha?”.
Venezuela en siglo de cambios: nueve años de vaivenes en las comunicaciones. Anuario Electrónico Disertaciones
jueves, 11 de septiembre de 2008
Ágora powerpoense

En aquel auditorio ya no cabía un alma. La comunidad en pleno clamaba por la presencia del gran maestro que tantas veces había sido leído en las aulas de clase hasta ser mitificado. Todos esperaban ansiosos que su discurso se desplegara sobre cada una de las butacas para verificar que se trataba de un ser mágico, colado entre las rendijas de la ignorancia. Era el pensante. Y reunía eventualmente al gran público para elevar su magna condición de sabio. Posada sobre su discurso, la gente escuchaba al maestro recordando luego palabras que adornaban las sabias explicaciones para cada cosa.
Pero en pleno siglo XXI no se podía esperar otra cosa que ciertos cambios. El pensante llegó esta vez más entusiasmado que de costumbre. Llevaba por pluma un pequeño aparatico que logró ser instalado en aquella fábrica de ilusiones. Hubo que esperar más de la cuenta: al menos media hora para configurar pequeño aparatico, máquina de ilusiones y controles varios que de repente desplegaron una gran pantalla de colores, animando a la audiencia.
Se trataba de un fondo galáctico que invitaba a pensar que aquella tarde se hablaría en clave cósmica. Las letras empezaron a salir lentamente como para que todos ll e v a r a n e l m i s m o r i t m o. Y los ojos colectivos se posaron sobre aquella pantalla hasta que lograron tardíamente leer el título de la charla: “Consideraciones epistémicas de la conducta humana”.
- Consideraciones epistémicas de la conducta humana- dijo entonces en voz alta el maestro.
Haciéndole una seña cómplice al operador de la máquina de ilusiones, el maestro esperó más de lo debido hasta que el fondo galáctico empezó a moverse lentamente, diluyendo el título de la charla y empezaron a aparecer los primeros párrafos. El maestro leía cada una de las palabras desplegadas para no perder la gran oportunidad que le brindaba la pantalla. Entonces se generó el propio ambiente multimedia: galaxia, voz, palabra escrita y pantallitas animadas hicieron gala de sus capacidades para mantener una audiencia disimuladamente distraída.
De las esquinas de la pantalla seguían surgiendo movimientos que alejaban y acercaban indistintamente diversos códigos cósmicos, mientras la seriedad del ponente iba haciendo lectura m u y l e n t a del discurso animado del siglo XXI.
Todos disfrutaron a su manera: unos recogían con dificultad las estelas que dejaban estrellas, cosmos animado, otros ansiaban que la pantalla no llegara a acelerarse hasta dejar al ponente hablando en tono retrasado, y, aunque muchos imaginaron que se trataba de una nueva propuesta televisiva, no ocultaron su agradecimiento ante tan novedosa oferta.
Esa tarde no hubo muchas preguntas. Una de ellas rompió el hielo de esa situación blindada por un ambiente de adelantos tecnológicos para la comunicación.
- Maestro, y a qué se debe el motivo galáctico.
- Era el único motivo que me ofrecía este maravilloso programa informático. Pero me han prometido otros fondos con flores dispersas, cielos inmensos y mares infinitos para animar mis prolíficos discursos.
- Caramba, se ve tan bonito.
La audiencia rompió en aplausos, mientras el aparato mostraba un stand by que no cesó hasta haberse retirado el último de los receptores de aquella tarde.

