Mostrando entradas con la etiqueta venezuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta venezuela. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de enero de 2026

Enfermedad imperial

 

A mí no me gusta Trump y lo escucho con migraña cuando dice en primera persona del plural que "nosotros vamos a manejar el país hasta que se pueda hacer una transición”. Si en el fondo los venezolanos asentimos ante la metodología para capturar a Maduro, no es porque formemos parte de una comisión de ninguna derecha de literatura. Cuando el dilema moral nos presiona, pero el corazón late con fuerza es porque hace más de 20 años hemos perdido la autodeterminación, secuestrada de manera casi invisible, primero por militares, y luego por una red de malandros en el poder que astutamente se fueron vendiendo como representantes de izquierda.

Desde el año 1998 los venezolanos vimos casi con incredulidad la entrega silente y progresiva de algunas instituciones venezolanas a grupos cubanos políticos y de inteligencia (no me lo contaron, yo lo viví). Venezuela había fortalecido su industria petrolera, nacionalizada antes de Chávez; todo esto fue destruido en el chavismo en forma explícita desde los despidos de PDVSA y, a cambio, negociado lentamente nuestros recursos a Irán y China, interesados en el petróleo, tanto como Estados Unidos. Ha sido difícil para los venezolanos explicar en el mundo que no se trata de ninguna lucha ideológica, sino de un secuestro de poderes, con manos extranjeras en nuestro propio país. Lo hemos vivido.

La intervención con armas y ataques violentos a otro país es, claramente, deleznable. Pero Venezuela perdió su soberanía hace años, con un arma silente, casi invisible, que ha entrampado la interpretación de lo que sucede en un falso dilema ideológico. Frente a un mundo perplejo, vimos desmoronar la última carta de la voluntad popular en las elecciones de julio 2024. Entonces, ese poder supremo, imperium, se le ha diluido en la cotidianidad al venezolano, porque hace tiempo que somos extranjeros, afuera y adentro de nuestro territorio. Cada quien guarda su bandera arrugada en el pecho, esperando que las piezas de los más grandes, del Norte, del Sur, del Este o del Oeste, nos devuelvan lo que nos fue arrebatado hace tiempo. Ojalá Trump hable menos tiempo en primera persona del plural sobre Venezuela, que lo que lo han hecho los del otro patio. 

domingo, 28 de julio de 2024

El gen del voto en Venezuela


La entrega del poder por parte de dictadores, vía electoral, es desde el sentido común una contradicción. Las elecciones son un mecanismo de alternabilidad del poder, propio de la democracia, en la que cabe la posibilidad de un cambio de actores políticos, si el juego es limpio y la voluntad popular así lo impone. ¿Por qué habría de arriesgarse el dictador en Venezuela cuya lógica es la imposición por la fuerza? ¿Por qué seguiría jugando la oposición, golpeada y maltratada por este régimen? ¿Por qué Venezuela vuelve a votar?

Lo hace porque, aunque detrás del chavismo está la lógica de ingeniería socio política cubana, Chávez se consolidó en el poder por vía electoral con una confianza en el voto; incluso, cuando perdió aquel referéndum que llamaba a cambiar la constitución, lo aceptó aun con los nudillos ensangrentados. Pero por otro lado, toda la generación política actualmente opositora, se formó en una democracia, imperfecta, sí, pero centrada en el voto. Y, aun con la duda de las tendencias irreversibles a favor del oficialismo, tantas veces proclamadas en las elecciones anteriores, en el aire todavía se sigue respirando la idea del voto como vía, reactivada por el esperanzador llamado de María Corina con un liderazgo sin precedente.

Si no hubiera sido por la interrupción generada por Chávez, Venezuela hubiera compartido con Colombia el mérito de tener la democracia más larga desde el siglo XX con alternabilidad en el poder. Pero a Chávez, militar, outsider político y cautivador de masas, le salió bien el inicio del guion: fracasó en un golpe de Estado y luego llegó al poder bajo una serie de circunstancias que concluyeron en el escenario electoral, con abrumadora mayoría. De tal manera que el chavismo carga a cuestas la idea electoral aunque progresivamente en sus veintiséis años en el poder haya eliminado la prensa libre, fustigado la diferencia hasta llegar a la tortura, concentrado todo el poder en uno solo y obligado a siete millones de personas a salir de su país; por supuesto, también ha visto morir lentamente el fervor popular de otrora, por razones obvias.  

Venezuela en el siglo XXI terminó experimentando una neodictadura, cuyos gobernantes han tenido más de dos décadas para adaptar sus estrategias de permanencia en el poder, inspiradas en una retórica de izquierda sexy, aunque cada vez más débil, con elecciones en medio. Maduro se ve así obligado culturalmente a seguir insistiendo en la fachada electoral como imagen de un gobierno democrático, aunque, alejado de la varita mágica de su predecesor para enamorar a las masas, ha tenido que inventarse una reingeniería de partidos, con una oposición a su medida, inhabilitaciones, falta de observación, amenazas y falacias por delante.

Pero el tiro esta vez le ha salido por la culata al oficialismo y el ambiente se torna enrarecido: una campaña históricamente curiosa, con evidente voluntad de cambio y una mayoría visible de apoyo hacia un candidato de oposición, con una líder inhabilitada enfrente ¿Será limpio el proceso ante la posibilidad de que Maduro pierda? Las dudas aplican porque salir del poder apuntaría a ser juzgado por los desafueros y violaciones aceptadas otrora.

En América Latina las dictaduras militares del siglo XX terminaron llamando a elecciones por una serie de presiones internas o externas en las que el apoyo popular y el consenso de los militares primaba (Colombia, 1957; Ecuador: 1976; Argentina, 1983; Chile, 1990) y esto devino en transiciones hacia la democracia. Venezuela es hoy una neodictadura que juega a ser una democracia y por tal no sabemos si Maduro y su equipo estén dispuestos a respetar los resultados; Maduro no es popular, pero los militares han sido neutralizados: los retirados y los que permanecen al frente de las Fuerzas Armadas. Una condición que desconsuela, pero ahí están de nuevo los venezolanos, reactivando su disposición a votar como vía al cambio y eso, quizás, sea un elemento erosionador para el monstruo enquistado en el poder desde hace varias décadas. Quienes estamos afuera y no pudimos manchar nuestro dedo meñique esta vez, lo que se nos ocurre es abrazar a la distancia la voluntad democrática que nos legaron cuarenta años de períodos electorales, antes del chavismo. Porque el voto es un gen que perdura en Venezuela por varias generaciones.

domingo, 23 de febrero de 2020

Tus hijos está bien




El hambre lleva en sus cachos
algodón de tus corderos,
tu ilusión cuenta sombreros
mientras tú cuentas muchachos;
una hembra y cuatro machos,
subida, bajada y brinco,
y cuando pide tu ahínco
frailejón para olvidarte
la angustia se te reparte:
uno, dos, tres, cuatro, cinco...

Andrés Eloy Blanco





Cuento dedicado a Andrés Eloy Blanco
Por: Ysabel Briceño

Si usted se descubre un día contandito las estrellas... seis, siete, ocho, nueve, diez, tenga cuidado de no alborotar los versos de la loca, esa mujer solitaria, entretenida y confiada en los mensajeros de la semana, que va montada en una nube, de Chachopo a Apartaderos.  Yo misma me fui un día detrás del caballo con uno de sus hijos, mientras los corderitos amañaban los ánimos de su madre.  ¿No me creen? Les voy a contar un cuento.

Me la presentó un señor llamado Andrés Eloy una mañana de esas, cortejadas por los frailejones. Todo fue tan rápido, que hasta llegué a creer que llevaba en sus bolsillos unas manos envasadas para cada ocasión triste. Contaba sus cuitas y las iba colgando de cada dedo, hasta parecer un andamio de mariposas. Tenía siete, tres o cinco hijos, ya la cuenta la perdimos, pero su cortejo ambulante era siempre solitario. Me preguntó por ellos: Rubén, Vicente, Gisela y Félix. Y yo le mentí.

Le dije que el mayor había cruzado la frontera camuflado de cigüeña y que era mensajero de los atardeceres, que estaba bien, sí, volando, como ella le había enseñado.

La loca Luz me regaló entonces una violetica de mayo, muy parecida a la de los poetas.

Luego le conté de Gisela, seguía sonriente como siempre; se la pasaba distrayendo a los temerarios para que las personas pudieran aprender sus guiones de la paz. Claro que era importante su trabajo, sí. Era telonera de obras pasajeras y entre una escena y otra, dibujaba niños bajando de la montaña con una estrella de regalo.

Vi entonces que las manos de la loca Luz  se embellecían mientras contaba de nuevo: uno, dos, tres, cuatro.

Le entregué una carta de su amado y le pedí que lo perdonara por no haberle escrito antes. Era amaestrador de luciérnagas, y ya sabes tú lo que demandan esos seres titilantes.

¿Vicente? el hijo del medio, sí, por ahí lo vi un día corriendo sin cesar, pero no escapaba de nadie, no: era compañero apresurado de la esperanza y, tenía que seguirle el paso porque de vez en cuando se diluía.

Y Félix era domador de confusiones. Iba acompañando a los perdedores por las cordilleras andinas, Berlín, Tunja, Huila,  Chimborazo. Cada vez que esos héroes invisibles se sienten perdidos, él dibuja un canal de olores de cocina de infancia y les da paso, uno a uno. Un día, perdida entre mis tristezas, caminé tras su caballo hasta recordar qué andaba buscando.

La loca Luz, que escuchaba atenta, brilló entonces, me contó las líneas de la frente y fue guardando poco a poco sus recuerdos en el bolsillo, ocho, nueve, diez.

lunes, 17 de julio de 2017

Domingo democrático

Notas de la jornada de consulta popular de venezolanos en Bucaramanga el 16 de julio de 2017.

Primer cuaderno:
Señor ¿Sabe cómo votar? Debe responder las 3 preguntas y...
- Sí, Sí, Sí
- ... Recuerde que no debe dejar...
-Sí, Sí, Sí
Y se fue contento con su papel el señor de 72 años.
******
- Señora ¿Dulce? (el miembro de mesa revisa el nombre de la señora que se acerca a votar)
- Amarga desde hace 18 años, mijo. Vengo a votar a ver si recupero mi nombre.
******
La mayoría llega contenta, eufórica, sacando su cédula venezolana y cuando le piden el pulgar para la huella, pone el índice, confundida. En Colombia la huella se suele dejar con el índice y nosotros los venezolanos nos amoldamos rápido a este país que nos acoge.
******
Segundo cuaderno
Eran las 6:50 pm cuando, al no ver más gente en cola, anunciamos el cierre de la jornada y dimos un aplauso eufórico.
Pero empezaron a llegar personas regaditas, corriendo, preguntando si podían votar; llegaban esperanzados, como cuando ansías que no te cierren la puerta del cine, de esa obra que tanto querías ver. Traían el sudor del día domingo, algunos con bolsitas amarradas en la mano, trajinadas como su esperanza. En los casos muy inmediatos no hubo forma de decirles que no y alcanzaron a votar en la mesa que aún no había cerrado. Nadie les compró su voto, no tuvieron que verse restregados en la miseria de decidir porque alguien les hubiera prometido una bolsa de comida. Vinieron solos, tenían en su agenda votar porque se vuelven a sentir parte de algo que los supera como individuos; es su pedacito de voz que aunada a otros pedacitos se vuelve un grito. Ahí es cuando se entiende aquello del derecho soberano: yo vine, yo dije, yo participé.
Pero no todos lo lograron. Ya cuando empezó el conteo manual de votos se siguieron acercando otras personas con voz tímida y frustrada por no haber podido llegar a tiempo. Uno de ellos, un hombre de piel muy oscura, grandote y musculoso, llegó con su braga de mecánico. Preguntó si podía votar y ante la negativa lanzó un sentido: ñoesumadreee. Se quedó segundos pensando mientras se secaba el lagrimal. "No me dieron permiso para salir antes, nojoda".

Me imaginé a Rousseau tirando piedritas en un parque, una tarde nublada.

*************
Cuando contábamos las boletas, alguien sugirió voltear y agradecerles con un fuerte aplauso a ellos, los que estaban aún del otro lado de la calle, vigilantes aún.
No me dio tiempo de saber cuántos eran, pero la Policía Nacional de Colombia estuvo presta durante todo el día para velar por el orden en una actividad con más de mil personas juntas, como lo reza el comunicado.
Se ven jóvenes, respetuosos, guardianes permanentes. Serán los ojos de quien contrasta el rol del uniformado con botas en su país natal.
Aunque no hubo desorden público, ellos estuvieron ahí, animados hasta última hora. Nos volteamos todos, agradecidos con un gran aplauso. Julián, de 24 años, estaba a mi lado y aplaudía sonriente; de repente se volteó a decirme: "primera vez en mi vida que le aplaudo a un paco".
Se me vino el mundo encima y se me ocurrió pedirle perdón a esta generación de jóvenes venezolanos que creció con los militares en el poder, esos que sonríen con sorna mientras se miran su bota reluciente y esperan que el civil se voltee para atacarlo.
Seguí aplaudiendo y se me llenaron los ojos de lágrimas, una vez más.
No sé por qué pensé en Hobbes, como nadando en una piscina de tres centímetros.

***************
Después de una larguísima, agotadora y emocionante jornada, se fueron yendo uno a uno y quedó lo que llamamos en nuestra pretensión organizada, el comité del punto soberano de Bucaramanga.
Cada quien empezó a agarrar las bolsas de basura, recoger las cajas, vino el cepillo de barrer, desmontar una gran carpa. Todos los hombres exhaustos, se alinearon en una esquina y uno, dos, tres, abajo, a recoger grandes tubos, doblar la lona, quitar los cables, seguir la vida.
Ahí no hubo camión del CNE ni máquinas samartmatic, ni órdenes y contraórdenes. No hubo barandas, no hubo maniqueos discursivos.
A las 9:00pm, nos sentamos un rato en la acera a ver pasar la euforia. Había tanto silencio que logré escuchar un lejano vallenato.
Tuve que imaginarme a Simón Bolívar en una hamaca destemplada.

********

domingo, 9 de julio de 2017

Una convocatoria popular: mitad legal, mitad irreverencia


Acá dejo algunas consideraciones por las que me he paseado para entender el llamado a consulta popular que se realizará el 16 julio 2016 en Venezuela, convocado por la oposición:

·  1.- Las constituciones en América Latina han venido sufriendo una transición del modelo representativo, en las que se soportaba la participación únicamente en el voto, a un modelo  de democracia participativa, que justamente trasciende al voto, para apoyarse en mecanismos de consulta, entre los que se incluyen figuras como revocatorios, referéndum, plebiscitos, entre otros.

     2 .- Las constituciones han incorporado de manera diversa estos mecanismos. Por ejemplo:

o   En Venezuela, la Constitución define la participación en el artículo 70: Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante... La ley establecerá las condiciones para el efectivo funcionamiento de los medios de participación previstos en este artículo.

o   En Colombia, la Constitución define la participación en el artículo 103: Son mecanismos de participación del pueblo en ejercicio de su soberanía: el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato. La ley los reglamentará.

3.- Aunque algunos países como Colombia establecen una diferencia en su constitución para referirse a referendo o plebiscito (el primero, para enmendar la constitución; el segundo, para decidir sobre temas de trascendencia nacional), Venezuela en su constitución le llama indistintamente a estas dos consultas: referendo popular. En el artículo 71, se dice: Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el Registro Civil y Electoral. (Hasta el artículo 74 se prevén los tipos de asuntos para los que se puede plantear un referendo).

4.- Venezuela no establece en su Constitución la figura de Plebiscito. 

5.- Según se ve en la Constitución venezolana, el mecanismo de referendo está soportado en el Poder Electoral. La decisión del movimiento opositor de organizarse es inédita, no sólo en Venezuela, sino también en el mundo, debido a que:
o   Aunque se soporta en el artículo 70 de la constitución, y ha sido aprobado por la Asamblea Nacional, no tiene el amparo institucional del Poder Electoral (CNE). Principalmente porque el llamado está basado en el  principio de desobediencia civil, previsto en el artículo 350 de la Constitución: El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

o   No encuentro en el mundo una iniciativa de consulta popular en temas de impacto nacional (que  no sean inherentes a cambios en la constitución o que no se trate de revocatorios), soportadas logísticamente en la organización civil, lo que constituye, en mi opinión, un mecanismo inédito de desobediencia civil que implica un reto organizativo para la oposición en Venezuela, para demostrar y hacer visible cuántos rechazan lo que está sucediendo en este momento con el gobierno de Nicolás Maduro; y cuántos proponen un cambio en Venezuela. 

6.- Creo que llamar plebiscito a esta iniciativa no debería invalidarla, puesto que en sí mismo es un acto de desobediencia civil que desconoce al CNE como figura institucional para convocar al llamado. Pero si ayuda, no tenemos problema en decirle "consulta popular". Las palabras valen mucho en este momento venezolano.

7.- Las preguntas en los plebiscitos en el mundo han sido muy difíciles de dejar contento a todos. Acá dejo algunas experiencias de plebiscitos en el mundo, compiladas el año pasado con mis estudiantes de la UNAB (ver información completa acá):

¿Qué se ha preguntado en los plebiscitos del mundo?

Reino Unido
¿Debe el Reino Unido continuar siendo miembro de la Unión Europea o debe dejar la Unión Europea?
1.    Continuar como miembro de la UE
2.    Dejar la UE

Sudáfrica
¿Apoya la continuación del proceso de reforma que el presidente inició el 2 de febrero de 1990 y que está dirigido a crear una nueva Constitución a través de la negociación?
1.    
2.    No

Gibraltar
Contó con una introducción y posteriormente con la pregunta: “El 12 de julio de 2002 el Secretario de Relaciones Exteriores, Jack Straw, en una declaración formal en la Cámara de los Comunes, dijo que después de doce meses de negociación, el Gobierno británico y español están en general de acuerdo en muchos de los principios que deben sustentar una solución duradera del reclamo de soberanía de España, que incluye el principio de que Gran Bretaña y España deben compartir la soberanía sobre Gibraltar.¿Aprueba usted el principio de Gran Bretaña y España deben compartir la soberanía sobre Gibraltar?
1.      Sí
2.        No

Eslovenia (primer caso)
¿Debe la República de Eslovenia llegar a ser un estado independiente y soberano?
1.     
2.     No
  
Eslovenia (segundo caso)
¿Está usted a favor de la entrada en vigor de la ley sobre enmiendas y complementos de la ley del matrimonio y familia, que el Parlamento aprobó el 3 de  marzo de 2015?
1.     Sí
2.    No

Croacia
En este caso no hubo preguntas, sino que cada ciudadano depositaba en las urnas una papeleta de color, según su elección. Si apoyaban la independencia debían usar la azul y si estaban en contra, la roja.

Timor Oriental
"¿Acepta la autonomía especial propuesta para el Timor Oriental dentro del estado unitario de la República de Indonesia?”con la imagen de una bandera sobre fondo azul y un recuadro para aceptar. Y “¿Rechaza la autonomía especial propuesta para el Timor Oriental, lo que comporta la separación de Timor Oriental de Indonesia?”, marcado con una bandera en fondo verde y la opción de rechazo.

Colombia:
1 de diciembre de 1957, durante el gobierno del general Rojas Pinilla. En esa oportunidad los colombianos debían decir sí o no a varias preguntas que eran inherentes, entre los aspectos más significativos a: la transición a una democracia de partidos, con alternación liberal-conservadora (lo que fue llamado Frente Nacional). Por primera vez, la mujer colombiana ejerce el derecho al voto, en acto de igualdad de género.

2 octubre 2016:
¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?
1.    
2.     No


Para recordar:
En Venezuela, durante el gobierno del presidente Chávez realizó varias consultas llamadas refererendos, en su mayoría relacionados con temas constitucionales:
- Referendo constituyente de 1999, en el cual se preguntó por la sustitución de la constitución de 1961. El resultado fue de aprobación.
- Referendo de 2004, convocado por la oposición para revocar el mandato de Hugo Chávez. El resultado fue negativo y Chávez continuó en el poder.
- Referendo de 2007, convocado por el presidente para imprimir socialista a la constitución. Fue el único revocatorio en el que Chávez resultó perdedor, pues fue rechazada su propuesta.
- Referendo de 2009, convocado por el presidente para enmendar la constitución y proponer la continuidad en la elección en los cargos públicos. El Poder Electoral comunicó los resultados a favor de Chávez y su propuesta fue aprobada.


Sobre las decisiones de Maduro:
El primero de mayo de 2017, Nicolás Maduro convoca a una “asamblea comunitaria, por sectores” que no está prevista en la Constitución venezolana. En rigor, la constitución venezolana establece en el Capítulo III las formas de convocatoria a una Asamblea Constituyente, definiendo que aunque el presidente, la Asamblea o un 15% de la población de electores puede tomar la iniciativa, la convocatoria, pero finalmente es decidida por el pueblo, entiéndase la mayoría; es decir, se requiere a un llamado nacional que refrende tal decisión. 

El llamado de Maduro está saltándose este llamado nacional y está decretando de manera unilateral un proceso de constituyente. Está claro que la idea de referendo, amparada en la constitución venezolana, en la que se amparó por más de una década Hugo Chávez, no le sirve a Maduro, dada su baja popularidad, quizás la más baja de la historia de los presidentes venezolanos por más de un siglo. 

Otra publicación mía sobre los plebiscitos:
El (falso) dilema


domingo, 7 de mayo de 2017

Notas al pie de página (Capítulo Venezuela)


Cada guerra tiene sus notas al pie de página; ésas que podemos saltar, pero que después, cuando todo acabe, irán a formar parte del texto principal.


El niño en la cuna

El venezolano baila salsa con la muñeca suelta, haciendo giros particulares con sus dedos y sonando el ritmo al compás de la música. Maduro no. Él baila con los puños cerrados, como el niñito recién nacido que tiene miedo, que te agarra el dedito y no lo suelta. A Maduro se le nota la falta de sinceridad hasta en el baile; parece que estuviera empuñando lo poco que le queda del país en esas manos. Suéltalo, Maduro. Haz historia de otra manera.


Mosca, mosca

En las calles del país una escena continua, tipo thriller, se interrumpe para oír un pajarillo. El joven que toca violín, con la gorra hacia atrás y sin camisa, desajusta la guerra, irrumpiendo el ritmo, así como los otros músicos que ocupan primer plano en la marcha reciente. En el video puedo escuchar a este joven que comenta, mientras toca: “mosca, mosca”, mientras en el fondo se ve la humareda y se escuchan algunas detonaciones. Me pregunté si estaba advirtiendo un cambio de tono a los que lo acompañaban o estaba pidiendo que no se baje la guardia con los que, del otro lado, atacan con armas diferentes a la del violín. Es un venezolano que también dice basta, blandiendo su arco, pero decidió salir a marchar sin ingenuidad, toca un pajarillo y mantiene los ojos abiertos, como diciendo: no caigamos en la trampa, el militar como enemigo es grande y nos toca crecer como sociedad para enfrentar este monstruo.

La casa pone

Las fotos de la guerra se parecen, no importa de dónde y cuándo se tomen. Son los pequeños héroes que brotan del anonimato y se encargan de guardar el momento para sumar el registro histórico de la impotencia ante los tanques, ante los que tienen botas y armas, escudos y balas hechas en algún rincón del mundo y vendidas en promociones de temporada. Es la guerra de aquellos armados a los que les toca el triste rol de obedecer al poder de turno, contra los que abren los brazos y esperan, pantalones abajo, camisetas arriba, con una flor, con una biblia, con un papagayo. Ya se encargará la historia de darle cabida a 

cada quien, con sus balas perdidas, las vidas arrastradas, los pantalones dejados y las huellas dejadas sobre este triste momento venezolano.


Hijo, deja ya de joder con la pelota
Los hijos del poder son sólo eso: hijos. Crecieron en medio de discursos construidos para defender a sus padres, vivieron bien porque les tocó, pero (hasta ahora) no tienen la culpa ni son responsables de la fábrica de hilos sutiles que sus padres tejieron para separar lo bueno de lo malo, siempre con el cuento a su favor. Probablemente no tuvieron ni espacio para preguntarse qué tenía que ver la reivindicación de los pobres con los lujos y prerrogativas guardadas para ellos. Unos afuera, otros adentro; unos ya con voz autónoma, otros con risas nerviosas ante el grito de un desesperado que lo acusa en otro lado del mundo, en calles muy lejanas al Cuartel de La Montaña, son sólo eso: venezolanos víctimas de una generación perversa que cobijó a sus hijos como unos protagonistas intocables, protegidos por el halo de un pájaro o una mariposa extendida por una fábrica de bondades artificiales. Ellos empiezan a ser la piedra en el zapato de quienes llevan casi veinte años en el poder. Esa piedra podría incomodar más que cualquier opositor escandaloso.

PD: gracias a los fotógrafos que en pleno terreno registran la historia con sus imágenes. Sólo tengo como autor reconocido la foto de entrada de este post: @miguelgituierrezphoto A los anónimos, gracias por llenar las páginas con su trabajo.

martes, 5 de julio de 2016

Con el perdón de los clásicos



Cuando Fray Luis de León retomó sus clases en el siglo XVI, ante la mirada expectante del auditorio, tras un largo período en el que fue encarcelado por atreverse a traducir pasajes un tanto eróticos, simplemente inició: “como decíamos ayer…”. Esta frase, palabras más, palabras menos, ha sido reconocida históricamente como un acto de fortaleza de aquellos intelectuales que son oprimidos por el poder y que, ante amenazas y situaciones injustas, son capaces de tomar tales circunstancias como un paréntesis menor que no mengua la valentía de las víctimas.

Unamuno también repetiría la frase de Fray Luis de León, en la primera mitad del siglo XX, al retomar su actividad docente, después de un exilio forzoso por razones políticas, cuando el régimen español de Miguel Primo de Rivera lo obligara a ejercer su intelectualidad en otro lado, donde estorbara menos a la reserva de los altares.

En cierta forma, ese “como decíamos ayer” es una irreverencia sutil que puede hacernos llegar a la afortunada conclusión de que la razón siempre terminará ganando y que, por más que se ahoguen las aulas de clase en períodos autoritarios y populistas, ahí estarán los pupitres esperando para continuar, como ayer, el debate y darle rienda suelta al argumento para convencer sobre rutas y caminos de un pensamiento en permanente construcción, nunca concluido.

Como sabemos, en Venezuela las aulas de las universidades autónomas se encuentran a media asta. Un afán progresivo del gobierno por el desprecio a la intelectualidad ha dejado los pupitres en alerta permanente. Afortunadamente, éstos han sido de los pocos espacios que el chavismo no ha podido secuestrar, pese a las contorsiones precarias para ganar tribuna política. Pero hay formas más sutiles de ahogar la actividad universitaria, mecanismos lentos que van penetrando los pasillos hasta que la falta de oxígeno se nota en los cafetines, en las conversaciones, en los proyectos desvencijados, en las fotos de cartelera de aquellos que ya no están porque decidieron salir del país.

El chavismo decidió construir su propia idea de la investigación y de la educación universitaria al concentrar los recursos del Estado en estructuras paralelas como la UNEFA, Universidad Bolivariana y universidades experimentales en donde se alimentó la ilusión de una mayor población formada, pero con mecanismos expresos, ideologizados y de sospechosa calidad. También se concentraron los recursos en programas peligrosamente etiquetados como populares, secuestrando incluso la genuinidad de aquellos tecnólogos que avanzaron en tiempos anteriores sin la arenga del comandante eterno. Una estrategia populista eficiente, pero poco sostenible en términos de producción científica.

Según un estudio sobre pérdida de talento, realizado por el profesor Jaime Requena, en los últimos años han salido de Venezuela más de 1500 investigadores y docentes universitarios, con alto perfil de capacitación; se trata de un grupo responsable de casi 30% de la producción científica en el país, medida en artículos, en los años pasados. El gobierno venezolano no ha podido conciliar ideología con producción científica, algo que sí pudieron hacer en su momento países como Cuba y la antigua Unión Soviética. De ahí el paradójico descenso de la producción científica, comparado con la alta inversión en el sector CTI, registrada por los números oficiales. Dejar morir la investigación y la actividad en las aulas de las universidades autónomas es la consigna expresada en la asignación de un presupuesto mínimo, mientras el poder descalifica permanentemente a quienes hablan en nombre de estas instituciones y arma su propio tarantín de aulas sumisas.  

A estas alturas del camino se me resbalaría un reclamo contemporáneo a la expresión “como decíamos ayer”; esta frase, tan celebrada por la historia, se me antoja con una felicidad incompleta. Si bien significa valentía y fortaleza, ya no podemos conformarnos con asumir que el ataque oficial a las universidades sean meros paréntesis enarbolados por rumbos del poder entronizado. Decir lo que pasó (afortunada conjugación, la del pasado) implica, en primer lugar, no obviar la permanente amenaza de que la historia circule y se encuentre de nuevo con situaciones similares a la de Fray Luis de León, la de Unamuno y la de científicos de esta época que, como en Venezuela, se han visto obligados a dejar sus laboratorios, sus escritorios, sus alumnos, sus cafeterías de discusión, porque unos pocos llegan al poder y señalan esta actividad como elitesca y repugnante.


Cuando cese el hostigamiento oficial a las universidades autónomas venezolanas, será su responsabilidad pensarse en su relación con la sociedad y demostrar que no hay nada que haga a un país más libre que una población informada, educada, crítica y sin ataduras. Será responsabilidad de las universidades autónomas no disfrazar lo que ande mal y autoevaluarse permanentemente en forma transparente a una sociedad. Y convencer que la justicia social implica un camino planificado, levantado a punta de conocimiento y sensibilidad, y no de arengas populistas. Será una forma de insistir en que aquí sí ha pasado algo.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Cada quien con su uti possidetis

La frontera colombo-venezolana  nunca ha sido bien comprendida por Caracas y Bogotá. Desde tiempos prechavistas y pre-uribistas, claro está; no es éste un tema exclusivo de la farándula tropical actual. En realidad, quienes suelen habitar zonas en las que culmina un país y empieza otro, han tenido que tragarse el cuento geopolítico como un capricho histórico que sólo les compete a los que, muy lejos, en las capitales, firman acuerdos y dibujan rayas sobre el papel, imaginando un mundo de grandes muros. Pero en la práctica, ahí todos los días la gente vive con un pie de un lado y del otro. En aquellas zonas fronterizas en donde el paso es cotidiano, no hay arenga nacional que disuada, por ejemplo, los amores, esos de donde luego surgen nuevos habitantes, que no son nacionales, sino fronterizos, porque a nadie se le ha ocurrido preguntar cuál bandera cubre el lecho de las noches románticas.

Esto, más que ser un estorbo, le ha servido a los políticos nacionales de un lado y del otro para hacer de la frontera un tema que se aviva, según estén ubicadas las piezas del ajedrez. En Venezuela, por ejemplo, en los tiempos del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, el talante orgullosamente gocho de este presidente propició formalmente el período en el que recuerdo hubo más reuniones colombo-venezolanas: la llamada Comisión Presidencial para Asuntos Fronterizos –COPAF y, más adelante con el presidente Caldera, COPIAF- expresaba políticamente el avance de serias discusiones alrededor del desarrollo fronterizo. Todavía recuerdo al gran Pompeyo Márquez con las carpetas abultadas de papeles declarando permanentemente sobre el tema. Por supuesto que este ambiente no impidió que desde los predios nacionales se siguiera promoviendo el perfil de “aquellos y nosotros” y que, dado el momento, el venezolano que sólo conocía de la frontera lo que se desplegaba en los medios, mirara al colombiano de soslayo.

Pero la frontera Táchira-Norte de Santander es otro mundo. En los tiempos de adecos y copeyanos, en Venezuela no faltó quien cedulara de manera furtiva a colombianos, con fines electorales. Y los fronterizos iban orgullosamente a votar en su condición binacional. Décadas más tarde el presidente Hugo Chávez Frías haría explícita su consigna bolivariana y, al menos en el año 2007, ya se corría la información de más de dos millones de colombianos participantes del Movimiento Bolivariano y que terminaron pintando su dedo meñique en favor del chavismo. Cuidado, quizás, si no sería a cambio de pedazos de tierra, en donde fueron construidos ranchos hoy derrumbados por órdenes del propio chavismo.

También, en esos lugares, hay espacio para la viveza que, siendo fronteriza, podría ser doble porque es capaz de sumar el talante nacional de tramposos de un lado y de otro, y sacarle el provecho a la desidia en políticas públicas. Porque las fronteras, al igual que incomprendidas, también suelen ser olvidadas. Y de esta forma, los gobiernos se hacen la vista gorda para una zona que está casi tan lejos que no pertenece a nadie. En estas zonas, donde las leyes nacionales se van desdibujando con los kilómetros de distancia, se imponen redes de control local, con gente de allá, de acá, de aquí y de ahí.

Todos sabemos que la frontera es un indicador importante de la condición de cada país y que, de manera natural, las desigualdades se acentúan con el contraste económico nacional que obliga a los locales a trabajar y ganar en una moneda de un lado y vivir en el otro, conformándose un cordón cultural histórico entre los dos países que no se diluye pegando un grito desde las capitales.

Tratándose de un problema binacional, el contrabando, por ejemplo, una de las expresiones más complejas de la frontera, no se resuelve aislando un país y cerrando puentes con alambres de púas. Ningún producto de un país, saldría en cantidades exorbitantes sin la ayuda de una red compleja, mucho más de lo que se piensa en las capitales, en las que el vendedor final  es, como siempre, un eslabón pequeñito y débil. Cuando Maduro, en un acto arbitrario que la historia se encargará de registrar en su momento, decide cerrar la frontera Táchira-Norte de Santander y expulsar a colombianos, no está haciendo otra cosa que humillar a quienes poco tienen que ver con lo estructural del problema del contrabando. Antes que eso, primero debió cambiar a todos los guardias nacionales que en las alcabalas, van quedando como unidades receptoras de dinero, camufladas con gestos serios y que envían “mensaje de García” a gente en las esquinas, hasta que finalmente la mercancía llega a territorio colombiano. Sin hablar de aquellas rutas que no se ven y que en horarios nocturnos podrían haber llegado a establecer pasos más complejos con intermediarios sofisticados. Desconozco el problema de la droga y el paramilitarismo en la zona fronteriza colombo-venezolana, pero si se reconoce que es una condición de los últimos 15 años, lo más sensato es también pensar que alguna debilidad se habrá encontrado del lado venezolano para permitir que esto sucediera durante el período chavista.

Del lado colombiano también tendrían que reclamar los fronterizos: un gobierno nacional y local que históricamente ha ido corriendo el problema del contrabando de gasolina, por ejemplo, promoviendo figuras legales entre los llamados “pimpineros”, con puestos informales en Cúcuta, con el riesgo de ser explotados algún día por lo improvisado de estos negocios. El alcalde actual de Cúcuta ha prometido “empleos temporales” para la gente que llega en buses, deportada de Venezuela. Uno siente que la promesa es poco seria y que en realidad, debería plantearse un programa de desarrollo para el Norte de Santander que no dependa económicamente de una actividad que a todas luces es ilegal. Uno siente que las autoridades colombianas están prendiendo la velita a escondidas, para que reviva aquello que ha permitido dar de comer a gente humilde, mientras otros más grandes reciben la tajada ingente del negocio.

Uno no termina entendiendo bien cuál es la razón del cierre actual de la frontera Táchira-Norte de Santander, porque es obvio que el problema del desabastecimiento en Venezuela va a continuar, si no se acude a un cambio radical en las políticas económicas del país. Es probable que los colombianos cedulados con fines electorales ya no sean tan útiles como lo soñó Chávez. Por ahora, cada quien intenta moverse rápidamente ante esta arbitraria decisión: políticos colombianos como Uribe descubren en la frontera colombo-venezolana un terreno fértil para la próxima contienda electoral regional en su país; unos soldados venezolanos que, a cambio de billete en mano, dejan pasar a personas de un lado a otro; rutas nocturnas inimaginadas, mientras cientos de personas colombianas duermen en carpas; niños que ya no cruzan la frontera para aprender a leer los pensamientos bolivarianos, taxistas que se mueven despacio; una ministra colombiana que promete nacionalidad a los venezolanos que quieran reunirse con sus familias; gente venezolana que ya no puede pasar a comprar la medicina escasa en propio territorio; profesores, artistas, delegados que deben regresar a su destino sin cumplir con programas binacionales académicos y culturales; turistas con maletas en medio del puente; enseres domésticos flotando en un río que se lleva las esperanzas de los más pobres. Cuando un gobierno decide históricamente cerrar un paso fronterizo como el del Táchira-Norte de Santander, lo que resta es esperar que cada quien asuma el uti possidetis iuris y demarque en su cabeza las fronteras que le corresponde.