A mí no me gusta Trump y lo escucho con migraña cuando dice en primera persona del plural que "nosotros vamos a manejar el país hasta que se pueda hacer una transición”. Si en el fondo los venezolanos asentimos ante la metodología para capturar a Maduro, no es porque formemos parte de una comisión de ninguna derecha de literatura. Cuando el dilema moral nos presiona, pero el corazón late con fuerza es porque hace más de 20 años hemos perdido la autodeterminación, secuestrada de manera casi invisible, primero por militares, y luego por una red de malandros en el poder que astutamente se fueron vendiendo como representantes de izquierda.
Desde el año 1998 los venezolanos vimos casi con incredulidad la entrega silente y progresiva de algunas instituciones venezolanas a grupos cubanos políticos y de inteligencia (no me lo contaron, yo lo viví). Venezuela había fortalecido su industria petrolera, nacionalizada antes de Chávez; todo esto fue destruido en el chavismo en forma explícita desde los despidos de PDVSA y, a cambio, negociado lentamente nuestros recursos a Irán y China, interesados en el petróleo, tanto como Estados Unidos. Ha sido difícil para los venezolanos explicar en el mundo que no se trata de ninguna lucha ideológica, sino de un secuestro de poderes, con manos extranjeras en nuestro propio país. Lo hemos vivido.
La intervención con armas y ataques violentos a otro país es, claramente, deleznable. Pero Venezuela perdió su soberanía hace años, con un arma silente, casi invisible, que ha entrampado la interpretación de lo que sucede en un falso dilema ideológico. Frente a un mundo perplejo, vimos desmoronar la última carta de la voluntad popular en las elecciones de julio 2024. Entonces, ese poder supremo, imperium, se le ha diluido en la cotidianidad al venezolano, porque hace tiempo que somos extranjeros, afuera y adentro de nuestro territorio. Cada quien guarda su bandera arrugada en el pecho, esperando que las piezas de los más grandes, del Norte, del Sur, del Este o del Oeste, nos devuelvan lo que nos fue arrebatado hace tiempo. Ojalá Trump hable menos tiempo en primera persona del plural sobre Venezuela, que lo que lo han hecho los del otro patio.
